La Trama
Editor responsable
OBSERVATORIO DE DATOS ESTRATÉGICOS
14 DE AGOSTO
2026 · Edición N° 2
Presidente
PEDRO PERROTTA
MUY GRAVE: LA SANGRE SE DERRAMA EN RUTAS Y CAMINOS BONAERENSES
En junio de 2026, 49 personas murieron en siniestros viales en la provincia de Buenos Aires. Treinta y dos de esas víctimas fallecieron en rutas, autopistas, accesos o caminos principales.
●  ¿QUÉ PASÓ?
Durante junio de 2026 se registraron 49 víctimas fatales por siniestros viales en la provincia de Buenos Aires: 1,6 personas fallecidas por día.
●  ¿QUIÉNES?
38 hombres y 11 mujeres. 25 víctimas se desplazaban en automóvil, 16 en moto y 8 eran peatones.
●  ¿CUÁNDO?
La noche concentró 13 víctimas. Sábados y domingos fueron los días con más fallecidos, con 10 cada uno.
●  ¿DÓNDE?
Isla Talavera y Mar del Plata registraron 4 víctimas cada una; Baradero y La Plata, 3 cada una.
●  ¿POR QUÉ ES GRAVE?
32 de las 49 víctimas, el 65,3%, murieron en rutas, autopistas, accesos o caminos principales.
●  ¿CÓMO SE DISTRIBUYERON LOS HECHOS EN RUTAS?
13 siniestros ocurrieron en rutas nacionales, con 15 víctimas; 12 en rutas provinciales, con 17 víctimas.
INFORME TÉCNICO
Víctimas fatales por siniestros viales en la provincia de Buenos Aires
Introducción
Durante el mes de junio de 2026 se registraron 49 víctimas fatales como consecuencia de siniestros viales ocurridos en la provincia de Buenos Aires, según datos no oficiales relevados por el Observatorio de Datos Estratégicos. El promedio mensual fue de 1,6 personas fallecidas por día, una cifra que refleja la persistencia de la siniestralidad vial como una problemática estructural con fuertes consecuencias sociales, sanitarias y económicas.
Si bien cada siniestro posee características particulares, el análisis estadístico permite identificar patrones comunes relacionados con el perfil de las víctimas, los horarios de mayor ocurrencia, los días de la semana con mayor riesgo y los ámbitos geográficos donde se concentran los hechos más graves. Esta información constituye una herramienta fundamental para orientar políticas públicas de prevención, fiscalización e inversión en infraestructura vial.
Perfil de las víctimas
Del total de personas fallecidas durante junio, 38 eran hombres (77,5%) y 11 mujeres (22,5%), lo que confirma una tendencia sostenida en la siniestralidad vial tanto a nivel provincial como nacional: los hombres continúan representando aproximadamente tres de cada cuatro víctimas fatales del tránsito.
En cuanto al tipo de usuario vial involucrado, 25 víctimas (51,1%) se desplazaban en automóvil al momento del siniestro, constituyendo el grupo más numeroso. Le siguieron 16 motociclistas (32,6%), mientras que 8 víctimas (16,3%) eran peatones.
Estos datos muestran que los usuarios de vehículos particulares concentran la mayor parte de las muertes, aunque la elevada participación de motociclistas continúa siendo motivo de preocupación debido a su mayor vulnerabilidad frente a impactos de alta energía. Del mismo modo, las víctimas peatones ponen de manifiesto la necesidad de fortalecer las condiciones de seguridad en zonas urbanas y mejorar la convivencia entre vehículos y usuarios vulnerables de la vía pública.
Distribución temporal de los siniestros
La distribución horaria evidencia una mayor concentración de víctimas durante las franjas de menor luminosidad.
La noche registró 13 fallecidos (26,5%), seguida por la tarde con 12 víctimas (24,4%), la mañana con 11 (22,4%), la franja noche-madrugada con 9 (18,3%) y el período tarde-noche con 4 víctimas (8,1%).
En conjunto, más de la mitad de las muertes ocurrió entre la tarde y la madrugada, período en el que confluyen factores de riesgo como velocidades elevadas, menor visibilidad, fatiga de los conductores y una mayor circulación recreativa.
Respecto de los días de la semana, los sábados y domingos concentraron el mayor número de víctimas, con 10 fallecidos cada uno, representando en conjunto el 40,8% del total mensual. Los lunes registraron 9 víctimas, mientras que martes y viernes contabilizaron 6 cada uno. Los jueves sumaron 5 fallecidos y los miércoles presentaron el menor registro del período, con 3 víctimas.
La concentración de hechos fatales durante los fines de semana constituye una constante observada en los estudios de seguridad vial, asociada al incremento del tránsito por actividades recreativas, viajes turísticos y desplazamientos de media y larga distancia.
Rutas: el escenario de mayor gravedad
Uno de los aspectos más relevantes del relevamiento es la elevada participación de las rutas nacionales y provinciales en el total de víctimas fatales.
De las 49 personas fallecidas, 32 perdieron la vida sobre rutas nacionales, rutas provinciales, autopistas, accesos y caminos principales, lo que representa el 65,3% del total. Las 17 víctimas restantes (34,7%) corresponden a hechos ocurridos en calles y avenidas urbanas.
En total se registraron 25 siniestros viales sobre corredores principales, distribuidos de la siguiente manera:
• 13 siniestros en rutas nacionales, con 15 víctimas fatales.
• 12 siniestros en rutas provinciales, con 17 víctimas fatales.
Aunque la cantidad de hechos fue similar entre ambas jurisdicciones, las rutas provinciales concentraron un mayor número de víctimas, lo que podría reflejar una mayor severidad promedio de los siniestros registrados.
La elevada participación de los corredores viales en el total de fallecimientos vuelve a poner en evidencia la necesidad de fortalecer las políticas de mantenimiento de la infraestructura, mejorar la señalización horizontal y vertical, incrementar los controles de velocidad y reforzar la presencia preventiva en los principales ejes de circulación.
Distribución territorial
Las víctimas fatales se distribuyeron en numerosas localidades bonaerenses, reflejando que la siniestralidad vial afecta a prácticamente todas las regiones de la provincia.
Los mayores registros correspondieron a Isla Talavera (sector bonaerense del Delta) y Mar del Plata, con 4 víctimas fatales cada una.
Les siguieron Baradero y La Plata, con 3 víctimas cada una.
Con 2 fallecidos se ubicaron General Madariaga, Mercedes, Ramallo, Necochea y Pilar.
El resto de las víctimas se distribuyó entre más de veinte municipios, entre ellos Berazategui, Esteban Echeverría, Coronel Dorrego, Coronel Rosales, Campana, Ezeiza, Quilmes, General Belgrano, General La Madrid, Tigre, General Rodríguez, General Villegas, Guernica, Florencio Varela, Berisso, Marcos Paz, San Isidro, Moreno, Pehuajó, Pergamino, San Vicente y Lomas de Zamora.
Esta dispersión territorial confirma que la problemática no se limita al Área Metropolitana de Buenos Aires ni a los grandes centros urbanos, sino que alcanza también a corredores productivos, rutas de conexión regional y localidades del interior provincial.
ANÁLISIS
Las víctimas fatales se distribuyeron en numerosas localidades bonaerenses, reflejando que la siniestralidad vial afecta a prácticamente todas las regiones de la provincia.
Los mayores registros correspondieron a Isla Talavera (sector bonaerense del Delta) y Mar del Plata, con 4 víctimas fatales cada una.
Les siguieron Baradero y La Plata, con 3 víctimas cada una.
Con 2 fallecidos se ubicaron General Madariaga, Mercedes, Ramallo, Necochea y Pilar.
El resto de las víctimas se distribuyó entre más de veinte municipios, entre ellos Berazategui, Esteban Echeverría, Coronel Dorrego, Coronel Rosales, Campana, Ezeiza, Quilmes, General Belgrano, General La Madrid, Tigre, General Rodríguez, General Villegas, Guernica, Florencio Varela, Berisso, Marcos Paz, San Isidro, Moreno, Pehuajó, Pergamino, San Vicente y Lomas de Zamora.
Esta dispersión territorial confirma que la problemática no se limita al Área Metropolitana de Buenos Aires ni a los grandes centros urbanos, sino que alcanza también a corredores productivos, rutas de conexión regional y localidades del interior provincial.
CONCLUSIONES
Las 49 víctimas fatales registradas durante junio de 2026 representan un nuevo llamado de atención sobre la magnitud de la siniestralidad vial en la provincia de Buenos Aires.
Los datos muestran un predominio de víctimas masculinas, una importante participación de automovilistas y motociclistas, una mayor incidencia durante los fines de semana y las franjas nocturnas, y una marcada concentración de los hechos más graves en rutas nacionales y provinciales.
Más allá de las estadísticas, cada una de estas muertes constituye una pérdida humana irreparable que afecta a familias, comunidades y al conjunto de la sociedad. La reducción de la mortalidad vial requiere una estrategia integral basada en infraestructura segura, controles eficientes, educación vial permanente, planificación del transporte y políticas públicas sostenidas en el tiempo.
El monitoreo periódico de estos indicadores resulta indispensable para evaluar la evolución de la problemática, identificar zonas críticas y orientar decisiones que contribuyan a disminuir el número de víctimas en las rutas y calles de la provincia de Buenos Aires.
DATOS DUROS
Seguridad vial: invertir en prevención es salvar vidas
Durante junio de 2026, el Observatorio de Datos Estratégicos identificó 49 personas fallecidas como consecuencia de siniestros viales en la provincia de Buenos Aires. Esto representa un promedio de 1,6 víctimas fatales por día. No estamos frente a una simple estadística: detrás de cada número hay una vida perdida, una familia atravesada por el dolor y una comunidad afectada por una tragedia que pudo prevenirse.
El dato que exige atención inmediata es el lugar donde se produjo la mayor cantidad de estas muertes. De las 49 víctimas fatales registradas, 32 —el 65,3 %— fallecieron en siniestros ocurridos en rutas, autopistas, accesos o caminos principales. En total, se identificaron 25 siniestros viales en estos corredores: 13 en rutas nacionales, con 15 víctimas fatales, y 12 en rutas provinciales, con 17 fallecidos.
Estas cifras muestran que las rutas constituyen el escenario de mayor gravedad y deben ocupar un lugar prioritario dentro de las políticas públicas de seguridad vial. La extensión del territorio bonaerense, la cantidad de vehículos que circulan a diario, el transporte de cargas, las altas velocidades y el estado desigual de la infraestructura conforman un escenario que exige respuestas concretas, sostenidas y coordinadas.
No alcanza con actuar después de cada tragedia. La seguridad vial debe construirse antes de que ocurra el siniestro. Para lograrlo, resulta indispensable fortalecer la presencia preventiva y los controles en rutas nacionales y provinciales, especialmente en aquellos tramos con mayor circulación o con antecedentes de hechos graves.
Los controles deben reducir las conductas que incrementan el riesgo: el exceso de velocidad, el consumo de alcohol antes de conducir, las maniobras imprudentes, los adelantamientos indebidos, el uso del teléfono celular, la falta de descanso durante los viajes prolongados y la ausencia de elementos de seguridad. A la vez, las autoridades deben verificar las condiciones técnicas de los vehículos y el cumplimiento de las normas por parte del transporte de pasajeros y de cargas.
La prevención, sin embargo, no puede depender exclusivamente de los operativos de control. Necesitamos campañas permanentes de educación vial y concientización que lleguen a las escuelas, los medios de comunicación, los municipios, las empresas, los clubes y las organizaciones de la sociedad civil. La educación vial debe ayudarnos a comprender que conducir no significa solamente trasladarse de un lugar a otro: supone asumir una responsabilidad frente a la propia vida y la de los demás.
Las campañas no deberían limitarse a acciones aisladas ni a determinadas fechas del calendario. Deben mantenerse durante todo el año, adaptarse a las características de cada región y abordar los riesgos concretos que se presentan en rutas y ciudades. Es necesario trabajar especialmente con los jóvenes, los conductores profesionales, los motociclistas y quienes recorren largas distancias.
También debemos decirlo con claridad: las muertes por siniestros viales pueden prevenirse. No son hechos inevitables ni fatalidades frente a las cuales la sociedad deba resignarse. En la mayoría de los casos existen factores de riesgo que podemos identificar y corregir mediante controles eficaces, educación, infraestructura segura, vehículos en condiciones y decisiones responsables de quienes circulan.
Esta problemática también exige una inversión sostenida en infraestructura vial. Una ruta deteriorada, sin banquinas seguras, con iluminación insuficiente, señalización deficiente o marcas viales desgastadas aumenta considerablemente el riesgo. Lo mismo ocurre cuando existen cruces peligrosos, accesos mal diseñados, curvas sin advertencias adecuadas o tramos que no reciben el mantenimiento necesario.
Para mejorar las rutas hay que reparar las calzadas, acondicionar las banquinas, reforzar la iluminación, renovar la señalización vertical y horizontal, eliminar los obstáculos que reducen la visibilidad e intervenir de manera específica en los puntos críticos. Además, la información estadística debe orientar las decisiones y permitir que las obras, los controles y las medidas preventivas se concentren donde más se necesitan.
La inversión en seguridad vial no puede considerarse un gasto. Los recursos destinados a prevención, controles, educación, infraestructura y señalización salvan vidas y, además, reducen las consecuencias sanitarias, sociales y económicas que provocan los siniestros graves. Cada intervención que se concreta a tiempo puede evitar una muerte, una discapacidad permanente o el sufrimiento de una familia.
Los datos de junio también muestran que la siniestralidad vial afecta a todo el territorio bonaerense. Por eso, la respuesta debe involucrar a la Nación, la Provincia y los municipios, con responsabilidades claramente definidas y acciones coordinadas. Los distintos niveles del Estado deben compartir información, identificar corredores y puntos críticos, planificar operativos y evaluar periódicamente los resultados.
Desde el Observatorio de Datos Estratégicos sostenemos que la seguridad vial debe convertirse en una política de Estado. Las 49 personas fallecidas durante junio, entre ellas las 32 víctimas registradas en rutas y caminos principales, nos obligan a actuar con urgencia, planificación y continuidad.
Cada muerte debe interpelarnos. No podemos acostumbrarnos a las cifras ni aceptar que perder la vida en una ruta forme parte de nuestra cotidianeidad. Más prevención, mejores controles, educación vial permanente, rutas seguras y señalización adecuada significan menos víctimas. Ese debe ser el compromiso: actuar antes de que ocurra la próxima tragedia, porque invertir en seguridad vial es, definitivamente, invertir en vida.
Información en defensa
del pueblo bonaerense
Contacto editorial
comunicacion@latrama.ar
Observatorio
observatoriodedatosestrategico
@gmail.com
Recibís este mail porque te suscribiste en latrama.ar