Editor responsable Observatorio de datos estratégicos
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03 de Agosto de 2026 2026 · Edición N° 0
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Director Pedro Perrotta
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MORIR EN LA CALLE NO ES UNA EXCEPCIÒN
Entre el 1° de enero de 2016 y julio de 2026, los siniestros viales dejaron 717 víctimas fatales en La Plata, Berisso y Ensenada. La Plata concentró 617 de esas muertes. Más de la mitad de las víctimas circulaba en motocicleta y casi ocho de cada diez eran hombres. Lejos de ser hechos aislados, las estadísticas revelan un problema estructural que se repite año tras año.
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● ¿Qué?
La región atraviesa una emergencia vial sostenida desde hace mas de una década.
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● ¿QUIENES?
Los motociclistas son las principales víctimas, seguidos por automovilistas, peatones y ciclistas.
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● ¿Donde?
La Plata concentra el 86 % de las muertes, aunque Berisso y Ensenada también presentan cifras preocupantes.
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● ¿Cuando?
La noche, la madrugada y los fines de semana registran la mayor cantidad de víctimas fatales.
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● ¿Cómo?
Exceso de velocidad, imprudencias, alcohol, distracciones y fallas en la infraestructura conforman una combinación letal.
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● ¿Por qué?
Porque durante años faltaron controles permanentes, educación vial, planificación urbana y políticas públicas capaces de reducir una tragedia que sigue cobrándose vidas todos los días.
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RADIOGRAFÍA
| LOS NÚMEROS DE UNA DÉCADA QUE ENCENDIÓ TODAS LAS ALARMAS | | Las estadísticas acumuladas entre el 1° de enero de 2016 y julio de 2026 muestran que la siniestralidad vial dejó de ser una sucesión de hechos aislados para convertirse en un problema estructural de la región. | | En ese período se registraron 717 víctimas fatales. De ese total, 617 correspondieron a La Plata, 61 a Berisso y 39 a Ensenada. En otras palabras, casi nueve de cada diez muertes ocurrieron en la capital bonaerense, donde confluyen el mayor volumen de tránsito, los accesos regionales y una infraestructura que no siempre acompañó el crecimiento urbano. | | El análisis también permite identificar con claridad quiénes integran el grupo de mayor riesgo. Los motociclistas representan 384 víctimas fatales, el 53,55 % del total, convirtiéndose por amplio margen en el sector más vulnerable. Detrás aparecen 183 automovilistas, 98 peatones y 52 ciclistas, lo que demuestra que la inseguridad vial alcanza a todos los actores del tránsito. | | Otro dato que se mantiene constante a lo largo de la década es el perfil de las víctimas. El 76,15 % eran hombres (546 casos), mientras que las mujeres representaron 171 fallecimientos. La diferencia revela una mayor exposición de los hombres a conductas de riesgo, especialmente en motocicletas y durante la circulación nocturna. | | El momento en que ocurren los siniestros tampoco es casual. La noche y la madrugada concentran 346 muertes, equivalentes al 48,25 % del total, una franja horaria en la que suelen combinarse menor visibilidad, velocidades más elevadas, consumo de alcohol y una reducción de los controles preventivos. | | La distribución semanal confirma la misma tendencia. Los sábados registraron 162 víctimas fatales y los domingos 126, convirtiendo a los fines de semana en el período de mayor riesgo para quienes circulan por la región. | | Aunque las cifras muestran una fuerte concentración en La Plata, el fenómeno también alcanza a Berisso y Ensenada. Las tres ciudades forman un mismo sistema urbano, conectado por corredores de intenso tránsito como las avenidas 44, 60, 66, 7, 13, 32, 520, Camino Centenario, Camino General Belgrano, la Autopista Buenos Aires–La Plata y los accesos al Puerto La Plata. La movilidad cotidiana entre los tres distritos hace que la problemática trascienda los límites municipales y requiera respuestas coordinadas. | | Después de más de diez años de estadísticas, los números permiten afirmar que la región ya no enfrenta una emergencia circunstancial. Enfrenta un problema permanente que exige políticas sostenidas de prevención, infraestructura, educación vial y control para revertir una tendencia que continúa cobrándose vidas año tras año. | | ANÁLISIS | | LA NATURALIZACIÓN DE LA TRAGEDIA | | Las estadísticas rara vez explican por sí solas un fenómeno social. Sin embargo, cuando durante más de una década muestran prácticamente el mismo comportamiento, dejan de ser una simple acumulación de números para convertirse en un diagnóstico. | | Eso es precisamente lo que ocurre con la siniestralidad vial en La Plata, Berisso y Ensenada. | | Las 717 muertes registradas no responden a una fatalidad inevitable. Son la consecuencia de múltiples factores que, año tras año, vuelven a repetirse: conductas imprudentes, infraestructura insuficiente, controles irregulares, formación vial deficiente y un crecimiento del parque automotor que no fue acompañado por una planificación acorde. | | El dato más contundente es que la tragedia dejó de sorprender. Cada nuevo siniestro genera conmoción durante algunas horas, pero rápidamente pasa a formar parte de una larga lista de hechos que parecen inevitables. Esa aceptación social constituye uno de los mayores obstáculos para revertir el problema. | | Los datos permiten identificar con claridad dónde debe ponerse el esfuerzo. Más de la mitad de las víctimas fatales viajaba en motocicleta. Casi ocho de cada diez fallecidos eran hombres. La noche, la madrugada y los fines de semana concentran la mayor cantidad de muertes. El diagnóstico está hecho; lo que falta es actuar sobre las causas. | | La seguridad vial no depende exclusivamente del comportamiento de quienes conducen. También es el resultado de políticas públicas sostenidas. Educación vial desde la escuela, controles permanentes, sanciones efectivas, infraestructura segura, mantenimiento de calles y rutas, correcta señalización, iluminación adecuada y una planificación urbana que acompañe el crecimiento del tránsito forman parte de una misma estrategia. Cuando alguno de esos factores falla, aumenta el riesgo para todos. | | Las experiencias internacionales demuestran que las reducciones más importantes en la mortalidad vial no fueron producto de una única medida, sino de la combinación permanente de educación, prevención, fiscalización, ingeniería vial y control. No existen soluciones mágicas ni campañas aisladas capaces de modificar una problemática que lleva más de una década consolidándose. | | La Plata, Berisso y Ensenada cuentan hoy con información suficiente para saber quiénes mueren, dónde ocurren los siniestros, en qué horarios se concentran y cuáles son los sectores más vulnerables. La discusión ya no pasa por producir más estadísticas. El desafío consiste en transformar ese conocimiento en decisiones concretas y sostenidas en el tiempo. | | Porque cuando una sociedad comienza a considerar normal que cientos de personas pierdan la vida en el tránsito cada año, la tragedia deja de ser únicamente vial. También se convierte en una tragedia cultural. | | Sin un plan regional permanente que combine educación vial, controles, infraestructura y tecnología, la siniestralidad continuará siendo una de las principales causas de muerte evitable en la región. Revertir esta tendencia exige políticas sostenidas y coordinación entre los municipios, la Provincia y la Nación. |
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Editorial
NO ES EL DESTINO, ES LA DECISIÓN DE HACER O NO HACER
Por Pedro Perrotta (*)
| Durante demasiado tiempo aceptamos que morir en el tránsito era parte del paisaje. Cada nuevo siniestro genera indignación por unas horas, ocupa un espacio en los medios y luego es reemplazado por el siguiente. Así, lentamente, la tragedia dejó de conmover para transformarse en una rutina. |
| Pero las 717 personas fallecidas registradas entre 2016 y julio de 2026 en La Plata, Berisso y Ensenada demuestran que no estamos frente a una fatalidad inevitable. Estamos frente al resultado de decisiones —y, muchas veces, de la ausencia de ellas—. |
| Las ciudades crecieron, aumentó el parque automotor y las motocicletas se multiplicaron como herramienta de trabajo y de movilidad. Sin embargo, la infraestructura vial, la educación, los controles y la planificación no evolucionaron al mismo ritmo. Esa diferencia hoy se mide en vidas humanas. |
| Pero la tragedia vial no se limita a las víctimas fatales. Cada siniestro deja además un profundo impacto social, sanitario y económico. Se estima que en la Argentina más de 100.000 personas resultan lesionadas cada año en hechos de tránsito. Muchas requieren largas internaciones, cirugías complejas y meses de rehabilitación, mientras otras quedan con secuelas permanentes que modifican por completo su calidad de vida y la de sus familias. |
| El costo social promedio de cada siniestro vial ronda los 38.500 dólares aproximadamente, considerando el despliegue de ambulancias, la atención prehospitalaria, las intervenciones médicas, las internaciones —que en numerosos casos se prolongan entre dos y tres meses— y los tratamientos de rehabilitación posteriores. A ello debe sumarse la pérdida de productividad de quienes no pueden volver a trabajar durante meses o, en algunos casos, nunca recuperan plenamente su capacidad laboral. Para dimensionar ese impacto basta un dato: una prótesis de reemplazo de cadera puede superar los 5.000 dólares, sin contemplar el resto del tratamiento. |
| Las experiencias internacionales demuestran que es posible reducir drásticamente la mortalidad vial. España logró disminuir en forma sostenida las víctimas fatales mediante una política integral basada en educación, fiscalización permanente, mejoras en la infraestructura y campañas públicas continuas. Suecia, con su estrategia "Visión Cero", fue todavía más lejos al asumir que ninguna muerte en el tránsito resulta aceptable y que el sistema debe diseñarse para minimizar las consecuencias de los errores humanos. |
| La región también necesita decisiones concretas. Las motocicletas deberían comercializarse patentadas, con casco homologado y todos los elementos de seguridad obligatorios desde el momento de la entrega. La educación vial debe incorporarse de manera sistemática durante toda la formación escolar y reforzarse en el proceso de obtención de las licencias de conducir. Los controles tienen que ser permanentes, previsibles y apoyados por tecnología, dejando de responder únicamente a operativos esporádicos. |
| También resulta indispensable intervenir sobre los corredores de mayor riesgo, mejorar la iluminación, la señalización horizontal y vertical, el estado del pavimento y la sincronización de los semáforos. Cada cruce peligroso que permanece sin corregirse representa una oportunidad perdida para evitar nuevas víctimas. |
| La seguridad vial no distingue edades, barrios ni condiciones sociales. Todos somos peatones en algún momento del día. Todos somos potenciales víctimas cuando el Estado, las instituciones y la sociedad renuncian a construir una verdadera cultura de la prevención. |
| La pregunta ya no es cuántas personas más deberán morir para reaccionar. La verdadera pregunta es cuánto tiempo más estamos dispuestos a aceptar que esta tragedia continúe formando parte de nuestra vida cotidiana. |
| Porque ninguna muerte en el tránsito debería ser considerada normal. Y porque cada vida que se pierde en una calle, una avenida o una ruta representa, en definitiva, el fracaso colectivo de una sociedad que todavía está a tiempo de cambiar. |
| (*)DIRECTOR DEL OBSERVATORIO DE DATOS ESTRATÉGICOS |
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La Trama...
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